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viernes, 19 de enero de 2007

'The Descent': entre el gore y el thriller



Por Anna Sánchez
The Descent narra la historia de seis amigas jóvenes y aventureras que se reúnen tras mucho tiempo sin verse para practicar deportes de riesgo y descender (por cuevas ya cartografiadas) para experimentar sensaciones límite.
En esta ocasión Juno, la más experta de ellas y la que les hace de guía, les tiene una sorpresa preparada: van a explorar una cueva completamente virgen sin que las demás lo sepan. Pero cuando ya están bajo tierra dicha cueva sufre un desprendimiento que las deja atrapadas y Juno se ve obligada a confesarles que no conoce el camino y no tiene ninguna clase de mapa porque son las primeras en entrar al agujero. A partir de aquí la historia da un giro que podrían haberse ahorrado tanto el director como (y sobre todo) el guionista. Una serie de criaturas de la noche (tipo Gollum pero ciegas) las persiguen, atacan, matan y lo que podría haber sido un gran thriller se convierte en una película gore de serie B (con todo el respeto al género).
Vamos por partes. El hecho de que una serie de personas queden atrapadas bajo tierra recuerda a la gran The Hole, una película claustrofóbica donde las haya y a la par bien conseguida. En definitiva, la idea es buena. Pero en The Descent hay situaciones que hacen que el espectador se estremezca debido a la estrechez de los espacios de la gruta y a los primeros planos del director que te encadena al agujero donde las protagonistas están. Resultado: eres una más de ellas allí atrapada.
Por otra parte, hay que elogiar el gran trabajo del equipo de iluminación ya que la película podría haber sido oscura de modo que no nos enteráramos bien de quién era quién o de la situaciones que se van planteando, pero eso lo han solucionado con el visor de infrarrojos (como el de los mineros) que cada una de las chicas lleva en su frente. Eso, aparte de dar la luz necesaria, crea un constante ajetreo que va calando en el espectador hasta que éste está en total tensión. Al avanzar la película y ya habiendo perdido los infrarrojos, el espectador identifica a los dos grupos de chicas (ya que se separan) debido a filtros de color: unas son “rojas” y las otras “verdes”. Realmente un recurso a destacar que cumple muy bien el cometido de guiar al espectador.

Lo que sobra realmente en la película es la primera media hora en la que literalmente no pasa nada (mientras se preparan para ir a la cueva, se reencuentran, etc...) y también los gritos constantes y peleas ensangrentadas que acaban cansando debido a la frecuencia con la que aparecen.

Repito que lo que habría podido ser como Open Water, hora y media de tensión real en estado puro, acaba convirtiéndose en una carnicería sin fundamento aparente y con unas actrices que prefiero no juzgar (quitando a Juno). En conclusión, The Descent está a caballo entre el thriller y el gore, así que sólo los amantes de ambos géneros la disfrutarán.

'Charlie y la fábrica de chocolate'




Por Anna Sánchez

¡Cinco candidatos y un único ganador! Así empieza el universo Burton en esta ocasión. Charlie y la fábrica de chocolate es una fiel adaptación del ya mítico libro de Roald Dahl. Esta misma obra fue llevada al cine hace años por Mel Stuart con el título Un mundo de fantasía.

El film narra la historia de Willie Wonka (Johnny Deep), un excéntrico y espontáneo productor de chocolate que tras años en soledad decide volver a abrir su fábrica al público. Pero sólo podrán entrar a visitarla los cinco agraciados que encuentren los Golden Tickets escondidos en sus chocolatinas. Los niños salen a la calle como locos y los afortunados son: Charlie (el niño protagonista), de familia humilde y sin recursos; Augustus Gloop, un niño alemán obsesionado con el dulce y un tanto insaciable; Veruca Salt, una niña rica y mal criada; Mike Teavee un jovencito violento y adicto a los videojuegos y por último Violet Beauregarde, la campeona de mascar chicle a nivel mundial (un detalle buenísimo en la lectura de Dahl). Estos cinco mocosillos acompañados por sus familiares se sumergirán junto al espectador en la gran fábrica de chocolate o, lo que es lo mismo, en el mundo de Burton.

Desde el primer minuto de película se puede afirmar que Tim Burton es el cineasta postmoderno más creativo y personal. Los títulos de crédito donde muestra todo el proceso de producción de una simple tableta de chocolate con un colorido casi mágico y unos planos vertiginosos son la primera pista de la gran película que nos espera.
A medida que avanza la historia (el argumento es sencillo) las imágenes que se suceden unas a otras son de cuento, casi de cuento de Navidad donde no sabes por qué pero tienes el presentimiento de que todo acabará bien (claro que tratándose de una producción de Hollywood no hay que ser muy listo para sospecharlo). La fotografía es impecable, el director vuelve a sus orígenes con el colorido inacabable de la gran fábrica y sus caramelos. Atrás quedaron Sleepy Hollow o Pesadilla antes de Navidad (en la cual Burton era el productor, no director como muchos creen), la oscuridad se esconde para dar paso a un arco iris de color del que está hecha la gran industria chocolatera de Wonka. Desde luego no deja indiferente a nadie al contemplarla como un personaje más del film.

Observando tanto colorido mágico te dejas llevar y acabas impregnado de la rareza, simpatía y sobre todo de la originalidad de Willie Wonka. Burton y Deep lo han vuelto a lograr, son una especie de dream team que nunca falla, la mezcla perfecta para conseguir llegar al espectador sea niño o adulto. Esa risita caballuna del actor cuando no sabe qué decir y esas miradas de altivez ante las impertinencias de los niños son las que merecen un reconocimiento positivo sin dudarlo (cabe subrayar que en versión original gana mucho).

Otro punto a destacar es la falta de efectos especiales. Digo falta porque no los hay, pero no lleva connotación negativa sino al revés. La enorme creatividad y el ojo del cineasta experto se notan a la hora de crear ambientes que solo existen en nuestra imaginación. ¡Quién no recuerda esos minutos ante un aparador deseando comer montañas y montañas de chocolate! Pues ese deseo que algunos adultos creen enterrado vuelve a resurgir gracias a esta película. Sin ningún tipo de ayuda digital Burton crea literalmente una cascada de chocolate en su mundo de fantasía regentado por unos enanos cantarines y obedientes llamados Oompa-Loompas.

En definitiva, Charlie y la fabrica de chocolate es una película que no sólo entretiene y divierte a pequeños y mayores sino que deja ver claramente que Tim Burton es un genio y que nada es imposible si lo deseas de verdad. No importa si eres rico o pobre, si lo ansias con todas tus fuerzas lo conseguirás… ¡y si no que se lo digan a Charlie!